CHILE, TIERRA DE CONTRASTES

Lorenna Saldías, Asistente Social

En Chile la desigualdad geográfica se ha traducido en desigualdades sociales desde los tiempos de la colonia española a la actualidad. La distribución del ingreso en nuestro país es una de las más dispares del planeta, y la desigualdad en la riqueza es aún peor. Existe vasta documentación histórica que muestra que los esfuerzos reformistas en lo económico, social y político han sido resistidos por la mayoría de la aristocracia chilena. Esto ha llevado al país a mantenerse dentro de un esquema productivo predominantemente agro-minero, evitando su desarrollo industrial.

La desigualdad importa, y no sólo desde una perspectiva económica. Existen múltiples estudios que muestran que sociedades con elevados índices de desigualdad en ingresos y riqueza tienen muchos problemas de erosión de las relaciones entre las personas. Atkinson, economista inglés experto en el área, muestra que no sólo se generan enfermedades tales como: estrés, obesidad, alcoholismo, sino que también tensiones sociales como la desconfianza y el desaliento. Chile es el país más desigual de la OCDE y uno de los más desiguales del mundo. Algunos apuntan a que la pobreza ha disminuido, y eso es cierto, pero aún existen más de tres millones y medio de personas en situación de pobreza, un número altísimo para un país con características demográficas y una dotación de recursos naturales similares a Australia cuyos índices son mucho mejores.

Una medida de desigualdad ampliamente utilizada es el coeficiente de Gini, a mayor Gini, mayor desigualdad. De acuerdo a la Base de Datos Estandarizada Mundial de la Desigualdad del Ingreso, publicada por Solt, observamos que, durante 2010, América Latina tuvo un Gini promedio de 44.7, le sigue África subsahariana con 44.1 y luego Asia del Sur con 39.2. Por otro lado, Europa y Asia Central tuvieron un promedio de 30.7. Chile, para el mismo año, presenta un coeficiente de Gini de 50. Es decir, Chile está por sobre el promedio del continente más desigual. Esto nos debe llamar no sólo a reflexionar sobre nuestras políticas públicas, sino que a tomar una acción decidida contra la desigualdad. El gobierno del presidente Piñera I y II tiene una enorme deuda con el flagelo de las inequidades en Chile, es tiempo de una acción decidida.